Para muchos dueños de negocio, el pronóstico del clima es algo que se revisa por la mañana antes de salir de casa, no algo que tenga relación con su seguro. Pero este año esto esta cambiando. Desde hace meses, distintos centros de pronóstico —desde la NOAA en Estados Unidos hasta la Organización Meteorológica Mundial— vienen hablando del fenómeno llamado El Niño, y coinciden en algo poco común: podría convertirse en uno de los más fuertes registrados en décadas.
Eso no es motivo de alarma. Es, más bien, una razón para entender qué está cambiando este año y qué tan expuesto está tu negocio a ese cambio, antes de que el clima tome la decisión por ti.
Qué está pasando este año
La NOAA ya declaró una alerta de El Niño: las condiciones están presentes y se espera que se fortalezcan hacia el invierno. Algunos modelos, como el del Centro Europeo de Pronósticos a Mediano Plazo, ya calculan una probabilidad altísima de que este se convierta en un Súper El Niño, un evento que algunos meteorólogos comparan con el de 2015 y, en sus versiones más extremas, incluso con el de 1877.
Para Nueva York, lo que se perfila es un verano más caluroso de lo normal, con olas de calor y tormentas eléctricas severas —algo que ya se empieza a sentir. El invierno, en cambio, suele ser más templado en años de El Niño fuerte, pero con una salvedad importante: a lo largo de la costa atlántica, el desplazamiento del corriente en chorro tiende a dirigir las tormentas hacia el Atlántico medio, lo que históricamente se traduce en más eventos de marejada ciclónica. En cuanto a huracanes, El Niño suele generar más cizalladura del viento, lo que dificulta que las tormentas se organicen —buena noticia en términos de cantidad, aunque los sistemas que se forman cerca de la costa siguen representando un riesgo, porque dejan menos tiempo de preparación.
Cómo te puede tocar, según tu negocio
Restaurantes. El calor extremo no es solo una molestia para los clientes que prefieren quedarse en casa: es una presión directa sobre la refrigeración y el sistema de climatización. Antes de que lleguen los días más calurosos, conviene hacer mantenimiento preventivo a los equipos —revisar compresores, limpiar condensadores, calibrar termostatos— en lugar de esperar a que fallen en pleno servicio.
También ayuda tener claro qué hacer si hay un corte de energía prolongado: si hay un generador disponible, un proveedor de hielo de respaldo, o simplemente un protocolo claro de cuánto tiempo puede aguantar la cámara fría sin electricidad antes de poner en riesgo el inventario.
Una falla de equipo en pleno verano puede significar pérdida de inventario completo en cuestión de horas, además de los días de operación reducida que trae consigo una ola de calor prolongada. Por eso vale la pena revisar también si la póliza contempla daño por falla mecánica de equipos, y no solo daño físico por causas externas como un incendio o una tubería rota.
Contratistas. Más tormentas severas en verano significan más días de obra detenidos —eso ya es parte conocida del oficio en Nueva York—, pero hay formas de reducir el impacto. Planificar el cronograma con margen, en lugar de comprimirlo contra la fecha de entrega, deja espacio para absorber uno o dos días de lluvia sin que todo el proyecto se atrase. Asegurar materiales y equipos antes de que llegue una tormenta —cubrir, anclar, proteger lo que quede expuesto en el sitio— también evita pérdidas que después son difíciles de justificar ante un reclamo.
Y conviene revisar con el cliente, desde el contrato, qué pasa con los plazos cuando el retraso es por clima, para que esa conversación no se dé en medio de la obra. En cuanto al seguro, vale la pena confirmar que la cobertura de builders risk sobre el proyecto en curso refleje la exposición adicional que trae una temporada más activa de lo habitual.
Propietarios de inmuebles. Este es, probablemente, el ángulo más directo. Antes de que llegue la temporada de tormentas, conviene revisar que los drenajes y las bombas de sumidero del edificio estén funcionando, que las canaletas no estén obstruidas, y que el sótano —si lo hay— no tenga puntos de entrada de agua sin sellar.
También ayuda tener fotos recientes del estado del edificio, porque esa documentación hace una diferencia real si más adelante hay que sustentar un reclamo. Los edificios en zonas costeras o de baja elevación enfrentan una mayor exposición a marejada ciclónica este invierno, y eso tiene relación directa con la cobertura de inundación, que en muchos casos no viene incluida automáticamente en una póliza comercial estándar y debe contratarse por separado.
Comercios minoristas. Para los negocios con sótano o nivel de calle en zonas de mayor exposición costera, conviene revisar qué inventario está almacenado directamente en el piso y, donde sea posible, elevarlo sobre tarimas o estantes —unas pocas pulgadas pueden ser la diferencia entre perder la mercancía o salvarla.
También vale la pena confirmar que las bombas de desagüe del local funcionen y mantener actualizado el inventario de lo que hay almacenado, para que quede claro qué se perdió si algo pasa. El riesgo va más allá de lo almacenado abajo: puede significar semanas de operación interrumpida mientras se repara el espacio y se reemplaza lo dañado, así que confirmar que la póliza incluya cobertura de inundación —y no asumir que viene incluida— es un paso que vale la pena dar con tiempo.
Profesionales independientes. La exposición es distinta, pero no está ausente. Tener un respaldo de energía —aunque sea una batería portátil para mantener el trabajo en curso durante un corte breve— y guardar el trabajo en la nube en lugar de depender solo del disco local son medidas simples que evitan perder horas de trabajo cuando hay una tormenta severa.
Si la oficina es la casa, también ayuda tener un plan B —un café, un espacio de coworking— para los días en que no se pueda operar desde ahí. Un corte de energía prolongado o la imposibilidad de trabajar desde casa durante varios días representan una interrupción real del ingreso, algo que vale la pena tener presente al revisar la cobertura, aunque no se tenga un local comercial de por medio.
Revisar antes, no después
Ninguno de estos escenarios es una certeza. Los pronósticos climáticos, por más sofisticados que sean, siguen siendo probabilidades, no garantías. Pero esa misma incertidumbre es justamente la razón para revisar la cobertura ahora, mientras hay tiempo de ajustar lo que haga falta, en lugar de descubrir un vacío en medio de una tormenta o una ola de calor.
En Rondon Brokerage ayudamos a nuestros clientes a revisar sus coberturas a medida que su negocio evoluciona. Si quieres analizar cómo este tema puede afectar tu operación, conversemos.


